Según una carta del propio Dibón Gad
Dibón Gad hizo unas visitas muy dolorosas en junio de 1855. Visitó las cárceles, los manicomios, los sanatorios, los hospitales, los reclusorios, los penales, y hasta los cementerios. Pero, Dibón Gad relató esto.
El 16 de junio de 1855, yo miraba hacia los montes de Cin, y lo pensé muy bien. Quise hablar en nombre de mi dinastía, a los montes de Cin de la siguiente manera: "Escuchen, montes de Cin, lo que digo a los montes, a las colinas, a los ríos, a los valles, a los manicomios y a las cárceles: Voy a hacer venir sobre ustedes la guerra, y a destruir sus lugares altos de culto pagano. Haré pedazos los santuarios donde ustedes ofrecen sacrificios y queman incienso, y haré que sus hombres caigan muertos delante de los ídolos. Arrojaré los cadáveres de sus hombres delante de sus ídolos, y esparciré sus huesos alrededor de sus altares. En todos los lugares donde ustedes vivan, las ciudades serán destruidas y sus santuarios de culto pagano quedarán en ruinas. Sus altares quedarán completamente destruidos, sus ídolos, hechos pedazos, y sus altares para quemar incienso, derrumbados; todo lo que ustedes han hecho desaparecerá. Y cuando vean caer muerta entre ustedes a tanta gente, reconocerán quién es el que manda. Pero, yo, haré que algunos de ustedes se salven de la muerte y queden con vida, esparcidos entre las naciones. Los sobrevivientes se acordarán de mi en esas naciones, se acordarán de cómo los hice sufrir por haberme sido infieles y por haberme apartado de mi para adorar ídolos, incluyo al dios Farrol. Ellos sentirán asco de sí mismos por todas las maldades que han hecho, por todas las naciones detestables. Entonces, reconocerán que, cuando prometí envirarles estos males, no hice vanas esperanzas.
Laméntense dándose golpes con las manos y los pies. Lancen gritos de dolor por las maldades detestables del pueblo de Cin, pues van a morir por causa de la guerra, el hambre y las enfermedades. Los que estén lejos morirán por las enfermedades, los que estén cerca morirán en la guerra, y los que queden con vida morirán de hambre. Así acabaré de descargar mi ira contra ellos. Y cuando vean todos los cadáveres de esa gente entre sus ídolos, y alrededor de los altares, en todas las colinas, en las cumbres de los montes, debajo de todo árbol verde, debajo de toda encina frondosa, y en los lugares en que ofrecieron a sus ídolos perfumes agradables, entonces reconocerán que aquí mando yo. Levantaré mi mano y la de Almón Diblataim para castigarlos y, desde el desierto del sur hasta Cin, en el norte, convertiré su país y todos sus lugares habitados en un desierto espantoso.
Dibón Gad terminó de hacer este discurso a las gentes que ofrecían sacrificios y adoraban a sus ídolos, inclusive a Farrol, a Sagato, y a Don Jediondo, sin saber el terrible problema que está pasando.
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