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jueves, 1 de noviembre de 2007

Asesinato de Ramón

según acta notarial

"En este relato, se cuenta cómo Ramón, el tirano Ramón, la mano derecha de Hediondo, fue asesinado por soldados que había mandado Ezión Geber, entre ellos Andrónico, mano derecha de Agag LVIII". Crónica relatada en el Libro de las Guerras de Gokú, 1996.

Mientras esto sucedía, los habitantes de Tarso y El Mazo se rebelaron, porque sus ciudades habían sido dadas a Isabel, concubina de Hediondo. Hediondo partió rápidamente para imponer orden, dejando como encargado del poder a don Aristóbulo, uno de los personajes más importantes.

Pensando que la ocasión le era favorable, Ezión Geber tomó algunos objetos del templo de El Mazo, unos se los regaló a Andrónico, y otros logró venderlos en los poblados de San Juan y El Marial. Cuando de buenas fuentes Ramón se enteró de esto, se retiró a Patolandia, cerca de Paraguas, lugar en donde no lo podían atacar, y desde allí le reprochó a Ezión Geber su parecer. Ezión Geber, entonces, acercándose en privado a Andrónico, empezó a urgirle que matara a Ramón. Andrónico fue a la Calle de los Micos, lugar donde estaba Ramón, y dándole la mano, le juró falsamente que no le haría nada. Ramón se resistía a creerle, pero al fin se dejó convencer y salió del lugar de refugio. Inmediatamente Andrónico lo mató, sin ningún miramiento por la dinastía Hediondo.

Por esta causa, no sólo los de Patolandia, sino tambien muchos de los operarios de la Dinastía Hediondo se indignaron y enojaron por la muerte de Ramón. Y cuando Hediondo regresó de Abejorral, la gente de Patolandia fue a hablar con él acerca del asesinato de Ramón; los neogranadinos reprobaban, lo mismo que ellos, ese crimen. Hediondo, profundamente afectado y movido a compasión, lloró al recordar la prudencia y sensatez del difunto. En enero de 1678, lleno de indignación, despojó inmediatamente a Andrónico de su manto color morado y le rasgó sus vestiduras, luego lo hizo llevar por toda la ciudad hasta el lugar en que había cometido su crimen contra Ramón, y allí libró al mundo de semejante asesino. Según Don Jediondo, así Farrol le dio el castigo que se merecía.

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